Inflamación y sistema nervioso

El sistema nervioso controla y modula la fisiología de la inflamación a través de la liberación de neurotransmisores. Estos son mensajeros liberados por las células de sistema nervioso, las neuronas, que se unen a receptores específicos de membrana de distintas células del sistema inmunológico. A través de esta unión neurotransmisor-receptor de membrana, se modula la acción y función de las células inmunitarias.

Respecto a la inflamación, los neurotransmisores pueden actuar como pro o como antiinflamatorios en función de las células que activen o según el subtipo de receptor de membrana celular al que se unan. Para poder ejercer adecuadamente este control sobre la fisiología inflamatoria, el sistema nervioso necesita apoyarse en otros sistemas del organismo, así intercambia información con el sistema inmune y con el sistema endocrino con el fin de poder controlar todos los procesos inflamatorios.

El sistema nervioso lo encontramos dividido en dos ramas, una denominada sistema nervioso parasimpático, que se relaciona con la capacidad de relajación, con el descanso y con reposo, y que tiene una acción antiinflamatoria. Y otra rama denominada sistema nervioso simpático, que se relaciona con la actividad, los estados de alerta y la acción, esta rama respecto a la regulación de la inflamación puede ejercer una acción tanto proinflamatoria como antiinflamatoria, dependiendo del momento en que actúe, así en un principio actúa como antiinflamatoria, pero a la larga el sistema nervioso simpático actúa como proinflamatorio. La regulación del proceso inflamatorio depende del equilibrio entre sistema nervioso simpático y sistema nervioso parasimpático. Si existe equilibrio entre los dos, el proceso inflamatorio está controlado, si existe desequilibrio entre estas dos ramas de sistema nervioso se pueden generara enfermedades inflamatorias de diversa índole como enfermedades dermatológicas, articulares, vasculares o inmunológicas.

Sistema nervioso simpático:

El sistema nervioso simpático ejerce el control de los procesos inflamatorios liberando unas sustancias llamadas catecolaminas, una de las más importantes es la noradrenalina. Estas sustancias tienen la función de regular la actividad de las células del sistema inmune, encargadas de la defensa del organismo a través de la inflamación.

En un primer momento, la liberación de catecolaminas ejerce una función antiinflamatoria, evitando una respuesta desmesurada frente a una agresión, que acabe siendo perjudicial para el propio organismo. Pero en distintos estudios se ha comprobado que a la larga, si el sistema nervioso simpático sigue estando activo deja de ejercer una acción antiinflamatoria, y pasa a ejercer una acción proinflamatoria, provocando que se puedan desarrollar distintas enfermedades. Es por esto que un sistema nerviosos simpático demasiado activo puede ser generador de inflamación crónica.

Sistema nervioso parasimpático:

El sistema nervioso parasimpático ejerce el control de los procesos inflamatorios liberando unas sustancias, la más importante de las cuales se llama acetilcolina.

Distintos estudios ha demostrado que la liberación de acetilcolina por parte del sistema nervioso parasimpático está relacionado con una disminución de los mediadores químicos proinflamatorios, esto implica que el sistema nervioso parasimpático ejerce una función claramente antiinflamatoria. De estos datos se desprende que actitudes y actividades que activen el sistema nervioso parasimpático evitan descontrol en el proceso inflamatorio y que se pueda dar inflamación crónica.[/vc_column_text]

El ejercicio es un factor exógeno que incide en la modulación de la respuesta inflamatoria que se da en el organismo. A través de diferentes rutas fisiológicas y metabólicas, el ejercicio ejerce una acción moduladora sobre diferentes agentes involucrados en la inflamación. La inactividad, el sedentarismo y la falta de ejercicio ha sido relacionada con numerosas enfermedades crónicas y considerada un importante factor de riesgo para muchas patologías [1]. Por contra, el ejercicio regular se ha relacionado siempre con la buena salud y el bienestar, y hay multitud de estudios científicos que lo avalan. También ha sido estudiado como el exceso de ejercicio, por una desregulación de determinadas moléculas involucradas en la inflamación, tiene un efecto proinflamatorio [2].

Existen diferentes marcadores inflamatorios plasmáticos ( CRP, TNF, IGF-1, BDNF) que varían en función de la práctica o no de ejercicio. En general se observa que el ejercicio ejerce un efecto de descenso de la concentración de marcadores proinflamatorios en plasma, y un aumento de marcadores antiinflamatorios en plasma, siendo obvio que el ejercicio es una contundente herramienta para regular la inflamación.

En varios estudios se hicieron pruebas para determinar la respuesta de determinados marcadores de inflamación respecto a la práctica regular de ejercicio. En todos ellos los resultados eran muy claros y coincidentes. La práctica regular de ejercicio ejercía un efecto de disminución de los marcadores plasmáticos de inflamación, otorgando al ejercicio el valor de herramienta práctica en la lucha contra la inflamación que se da en el organismo y que es la causa de tantos desordenes de salud, o dicho de otra forma el ejercicio es una medicina que junto a otras herramientas médicas ejerce un efecto antiinflamatorio.

En estos estudios también se vio como el ejercicio incrementaba la producción, por parte de determinados tejidos del cuerpo como el hígado, de sustancias antiinflamatorias como el IG-F1. Estas sustancias antinflamatorias que se generaban en respuesta a la practica regular de ejercicio físico, ejercían su efecto contra la inflamación en variados y diversos tejidos del organismo siendo beneficioso en tejidos diversos como el cerebro, el tejido adiposo y a nivel cardiovascular. Lo que otorga al ejercicio la capacidad de disminuir la inflamación, proteger determinados órganos del cuerpo humano y evitar la degeneración y envejecimiento al que se ven sometidos por la inflamación baja crónica.

1. Booth, M., Assessment of physical activity: an international perspective. Res Q Exerc Sport, 2000. 71(2 Suppl): p. S114-20.
2. Munhoz, C.D., et al., Stress-induced neuroinflammation: mechanisms and new pharmacological targets. Braz J Med Biol Res, 2008. 41(12): p. 1037-46.

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