Inflamación y ejercicio

El ejercicio es un factor exógeno que incide en la modulación de la respuesta inflamatoria que se da en el organismo. A través de diferentes rutas fisiológicas y metabólicas, el ejercicio ejerce una acción moduladora sobre diferentes agentes involucrados en la inflamación. La inactividad, el sedentarismo y la falta de ejercicio ha sido relacionada con numerosas enfermedades crónicas y considerada un importante factor de riesgo para muchas patologías [1]. Por contra, el ejercicio regular se ha relacionado siempre con la buena salud y el bienestar, y hay multitud de estudios científicos que lo avalan. También ha sido estudiado como el exceso de ejercicio, por una desregulación de determinadas moléculas involucradas en la inflamación, tiene un efecto proinflamatorio [2].

Existen diferentes marcadores inflamatorios plasmáticos ( CRP, TNF, IGF-1, BDNF) que varían en función de la práctica o no de ejercicio. En general se observa que el ejercicio ejerce un efecto de descenso de la concentración de marcadores proinflamatorios en plasma, y un aumento de marcadores antiinflamatorios en plasma, siendo obvio que el ejercicio es una contundente herramienta para regular la inflamación.

En varios estudios se hicieron pruebas para determinar la respuesta de determinados marcadores de inflamación respecto a la práctica regular de ejercicio. En todos ellos los resultados eran muy claros y coincidentes. La práctica regular de ejercicio ejercía un efecto de disminución de los marcadores plasmáticos de inflamación, otorgando al ejercicio el valor de herramienta práctica en la lucha contra la inflamación que se da en el organismo y que es la causa de tantos desordenes de salud, o dicho de otra forma el ejercicio es una medicina que junto a otras herramientas médicas ejerce un efecto antiinflamatorio.

En estos estudios también se vio como el ejercicio incrementaba la producción, por parte de determinados tejidos del cuerpo como el hígado, de sustancias antiinflamatorias como el IG-F1. Estas sustancias antinflamatorias que se generaban en respuesta a la practica regular de ejercicio físico, ejercían su efecto contra la inflamación en variados y diversos tejidos del organismo siendo beneficioso en tejidos diversos como el cerebro, el tejido adiposo y a nivel cardiovascular. Lo que otorga al ejercicio la capacidad de disminuir la inflamación, proteger determinados órganos del cuerpo humano y evitar la degeneración y envejecimiento al que se ven sometidos por la inflamación baja crónica.

1. Booth, M., Assessment of physical activity: an international perspective. Res Q Exerc Sport, 2000. 71(2 Suppl): p. S114-20.
2. Munhoz, C.D., et al., Stress-induced neuroinflammation: mechanisms and new pharmacological targets. Braz J Med Biol Res, 2008. 41(12): p. 1037-46.

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