Os recomiendo ver mi conferencia:la inflamacion, nuestro silencioso, y peor enemigo (como se generan las enfermedades, y como se previenen.)
http://www.idermumbert.com/es/videos.php
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La alimentación es uno de los principales factores que incide en la modulación de la respuesta inflamatoria que se da en el organismo. A través de diferentes efectos sobre las células y sus rutas metabólicas, la alimentación provoca cambios en el normal funcionamiento de los diferentes sistemas involucrados en el proceso inflamatorio. Los fundamentos que explican este efecto de la alimentación sobre la inflamación, la podemos encontrar, en parte, en la epigenética, que explica como agentes externos modifican y determinan la expresión de determinados genes; otra parte la encontramos en el efecto de los alimentos como parte de metabolitos celulares y también del efecto directo que tiene los alimentos sobre las células y los tejidos.
La alimentación puede ejercer una acción doble frente a la inflamación, es así como nos encontramos que existen una serie de alimentos que ejercen una clara acción proinflamatoria, ya que su consumo activa determinadas rutas bioquímicas celulares que provocan, en último termino, la síntesis de sustancias inflamatorias. Pero del mismo modo, existen alimentos, el consumo de los cuales ejerce un efecto antiinflamatorio ya que impiden indirectamente la inflamación, bloqueando la síntesis de sustancias inflamatorias endógenas o ejercen, directamente, una acción antiinflamatoria sobre el organismo.
Es por tanto muy importante llevar un control sobre la alimentación si queremos prevenir enfermedades de origen inflamatorio o si ya se sufre una de ellas, ya que según el tipo de alimentación que llevemos, vamos a mejorar o a empeorar todos los síntomas asociados a las enfermedades de origen inflamatorio.
Existen estudios científicos dónde se ve claramente que las grasas denominadas omega 3, que encontramos en las grasa de algunos peces, sobretodo pescado azul, en el aceite de determinadas semillas o en algunas algas ejercen un efecto antiinflamatorio. Del mismo modo las grasa trans son altamente perjudiciales para la salud y concretamente para la inflamación, ya que su consumo aumenta la cantidad de marcadores inflamatorios en sangre.
Respecto a las proteínas, el consumo debe corresponderse con las necesidades fisiológicas y nunca sobrepasar o sobrealimentarse con este alimento, ya que se ha visto que su consumo elevado tiende a acidificar al organismo, condición que favorece los procesos inflamatorios y degenerativos.
Los hidratos de carbono necesitan de la insulina para ser almacenados en la célula. A su vez la insulina aumenta la producción de citoquinas proinflamatorias. Dietas con ajuste de consumo de hidratos de carbono, y mantener un peso saludable, aseguran niveles bajos de marcadores inflamatorios en sangre.
Las vitaminas y los antioxidantes, abundantes en verduras y frutas, tiene la capacidad de neutralizar los radicales libres, agentes implicados en el proceso inflamatorio. El consumo de alimentos ricos en antioxidantes y vitaminas reducen la acción perjudicial los radicales libres y evitando y reduciendo los procesos inflamatorios.
El sistema endocrino controla y modula la fisiología de la inflamación a través de la liberación de hormonas, mensajeros bioquímicos liberados por las glándulas endocrinas. Estos mensajeros se unen a receptores específicos de membrana de distintos tipos celulares del sistema inmunológico. A través de esta unión hormona-receptor de membrana, se modula la acción y función de las células inmunitarias involucradas en la inflamación.
A través del eje hipotálamo-hipófisis-suprarenal y del complejo CRH-ACTH-Cortisol, el sistema endocrino interactúa con el sistema inmunitario (es conocido el efecto depresor del cortisol sobre el sistema inmune) , ya que las hormonas secretadas por el sistema endocrino modulan las funciones de las células inmunes. A su vez la acción de las hormonas sobre las células inmunes incide en la respuesta inflamatoria del organismo. Se conoce que el sistema endocrino está condicionado por los estímulos recibidos de otros sistemas, como los estímulos recibidos del estado psicológico del sujeto (como define la psiconeuroinmunoendocrinología). Estos estímulos pueden modificar el normal funcionamiento del sistema endocrino, y este a su vez influir en la patología inflamatoria.
En la práctica clínica se observa como la estimulación de determinadas glándulas del sistema endocrino, involucradas en el estrés, la depresión o la falta de sueño, provoca un incremento en la segregación de determinadas hormonas como el Cortisol o la CRH, que tienen un efecto directo sobre el sistema inmune y sus células. El sistema inmune y sus células en último término son las encargadas de mediar los procesos inflamatorios que se dan en el cuerpo (como son muchos de los procesos inflamatorios que se dan en la piel en forma de psoriasis, eccemas, o caída de cabello) y la relación que existe entre sistema inmune y sistema endocrino nos permite entender como procesos aparentemente independientes, como puede ser el estrés y determinadas patologías, tiene una relación directa entre sí.
Una buena terapéutica debe incluir en sus elementos diagnósticos el conocimiento de los distintos macro sistemas de cuerpo humano y la relación existente entre si (como sostiene la psiconeuroinmunoendocrinología).
El estrés es uno de los principales factores que incide en la modulación de la respuesta inflamatoria que se da en el organismo. A través de diferentes rutas fisiológicas y metabólicas, el estés provoca cambios en el normal funcionamiento de los diferentes sistemas involucrados en el proceso inflamatorio. Es por esto que el estrés y su adecuado manejo es de capital importancia a la hora de abordar diferentes enfermedades, como las enfermedades dermatológicas, en las que el estrés es una de las causas principales.
El estrés afecta al organismo porque incide en tres de los principales sistemas que tiene el organismo para controlar todas las funciones corporales, el sistema endocrino u hormonal, el sistema inmunitario o de defensa y el sistema nervioso. El estrés afecta a los tres sistemas, provocando que si el este es continuado y se vuelve crónico, o es momentáneo, es decir agudo, pero muy acusado, acaba desequilibrando al organismo en general, pudiendo aparecer toda una serie de enfremedades dónde también encontramos las enfermedades dermatológicas.
El sistema endocrino responde al estrés con la liberación de unas hormonas denominadas hormonas del estrés (Cortisol y la Norepirefrina són las principales).
Cuando circulan en exceso por la sangre acaban produciendo desequilibrios a distintas partes del organismo, ya que alteran la correcta modulación de la respuesta inflamatoria.
El sistema inmunitario, que está directamente implicado en los procesos inflamatorios, también se ve afectado por el estrés. Cuando sufrimos estrés las céluas del sistema inmune modifican su funcionamiento normal, se vuelven más sensibles y pierden cierto control sobre los procesos inflamatorios. Las hormonas del estés provocan estos cambios ya que las células del sistema inmune tiene receptores para estas hormonas.
El sistema nervioso es el encargado de captar y elaborar una respuesta frente al estrés. En el cerebro existen diferentes estructuras especializadas para captar estímulos estresores. Cuando se deteca un estrés, el cerebro se ayuda del sistema nervioso periférico y del sistema endocrino para enviar señales bioquímicas al resto del cuerpo, estas señales bioquímicas se traducirán en modificaciones fisiológicas y metabólicas que permitirán adaptase al estrés. Si el estrés se vuelve crónico o es muy intenso estos mecanismos de adaptación son superados y el estrés puede desencadenar en enfermedades de distinta índole.
El sistema nervioso controla y modula la fisiología de la inflamación a través de la liberación de neurotransmisores. Estos son mensajeros liberados por las células de sistema nervioso, las neuronas, que se unen a receptores específicos de membrana de distintas células del sistema inmunológico. A través de esta unión neurotransmisor-receptor de membrana, se modula la acción y función de las células inmunitarias.
Respecto a la inflamación, los neurotransmisores pueden actuar como pro o como antiinflamatorios en función de las células que activen o según el subtipo de receptor de membrana celular al que se unan. Para poder ejercer adecuadamente este control sobre la fisiología inflamatoria, el sistema nervioso necesita apoyarse en otros sistemas del organismo, así intercambia información con el sistema inmune y con el sistema endocrino con el fin de poder controlar todos los procesos inflamatorios.
El sistema nervioso lo encontramos dividido en dos ramas, una denominada sistema nervioso parasimpático, que se relaciona con la capacidad de relajación, con el descanso y con reposo, y que tiene una acción antiinflamatoria. Y otra rama denominada sistema nervioso simpático, que se relaciona con la actividad, los estados de alerta y la acción, esta rama respecto a la regulación de la inflamación puede ejercer una acción tanto proinflamatoria como antiinflamatoria, dependiendo del momento en que actúe, así en un principio actúa como antiinflamatoria, pero a la larga el sistema nervioso simpático actúa como proinflamatorio. La regulación del proceso inflamatorio depende del equilibrio entre sistema nervioso simpático y sistema nervioso parasimpático. Si existe equilibrio entre los dos, el proceso inflamatorio está controlado, si existe desequilibrio entre estas dos ramas de sistema nervioso se pueden generara enfermedades inflamatorias de diversa índole como enfermedades dermatológicas, articulares, vasculares o inmunológicas.
Sistema nervioso simpático:
El sistema nervioso simpático ejerce el control de los procesos inflamatorios liberando unas sustancias llamadas catecolaminas, una de las más importantes es la noradrenalina. Estas sustancias tienen la función de regular la actividad de las células del sistema inmune, encargadas de la defensa del organismo a través de la inflamación.
En un primer momento, la liberación de catecolaminas ejerce una función antiinflamatoria, evitando una respuesta desmesurada frente a una agresión, que acabe siendo perjudicial para el propio organismo. Pero en distintos estudios se ha comprobado que a la larga, si el sistema nervioso simpático sigue estando activo deja de ejercer una acción antiinflamatoria, y pasa a ejercer una acción proinflamatoria, provocando que se puedan desarrollar distintas enfermedades. Es por esto que un sistema nerviosos simpático demasiado activo puede ser generador de inflamación crónica.
Sistema nervioso parasimpático:
El sistema nervioso parasimpático ejerce el control de los procesos inflamatorios liberando unas sustancias, la más importante de las cuales se llama acetilcolina.
Distintos estudios ha demostrado que la liberación de acetilcolina por parte del sistema nervioso parasimpático está relacionado con una disminución de los mediadores químicos proinflamatorios, esto implica que el sistema nervioso parasimpático ejerce una función claramente antiinflamatoria. De estos datos se desprende que actitudes y actividades que activen el sistema nervioso parasimpático evitan descontrol en el proceso inflamatorio y que se pueda dar inflamación crónica.
La inflamación es un proceso defensivo natural que se da en el organismo y en el cual intervienen diferentes sistemas.
A nivel local se da la activación de células del sistema inmune (macrófagos y mastocitos) que secretan una serie de sustancias (citoquinas) que son las encargadas de luchar contra el agente patógeno, esta lucha da una serie de síntomas que son visibles en función de donde se de la inflamación, dolor y perdida de función si es a nivel articular, dolor e hinchazón a nivel muscular, o enrojecimiento, escozor, y tumefacción a nivel dermatológico.
A nivel sistémico, el hecho de que en el proceso inflamatorio estén involucrados distintos sistema del organismo (inmune, endocrino, neural y psicológico) hace que las causas sean variadas y que una buena terapéutica las contemple todas. Todos estos sistemas están en comunicación con las células del sistema inmune que desencadenan la respuesta inflamatorio ante una agresión.
Desordenes endocrinos, inmunológicos, alimentarios, o de estrés desencadenan inflamación a nivel local y esto se traduce en problemas dermatológicos. Esto es especialmente significativo cuando la inflamación, mas allá de un proceso defensivo agudo, se convierte en un proceso crónico, debido a que el agente inflamatorio (estrés, desordenes endocrinos, desordenes alimentarios, agresión bacteriana, etc) sigue actuando, en este caso los mecanismos propios de regulación de la inflamación no operan bien y los síntomas del proceso inflamatorio persisten.
Dado el carácter psiconeuroinmunoendocrino de la inflamación su etiología debe buscarse en varios frentes más allá de las clásicas causas biológicas y traumáticas, estas sin embargo, deberán ser tomadas en consideración.
Agentes biológicos, dónde se incluyen bacterias, virus, hongos y parásitos, son reconocidos por el sistema inmunológico como agentes extraños a eliminar. La herramienta de la que dispone el organismo para hacerles frente es la inflamación, que es un proceso defensivo y reparador.
Alteraciones inmunitarias, como por ejemplo las respuestas de hipersensibilidad o las enfermedades autoinmunes; en estos casos es la propia respuesta inmunitaria la que induce la inflamación, que es la causa principal del daño celular. Aquí una alteración del los mecanismos fisiológicos normales del sistema inmune, debido al estrés en la mayoría de los casos, provoca que este no reconozca como propios determinados tejidos del cuerpo atacándolos a través de la respuesta inflamatoria.
Estrés psico-emocional, vía sistema endocrino y vía sistema nervioso el estrés psicológico y emocional es productor de inflamación. En momentos de estrés nuestro cerebro libera sustancias que actúan como tóxicas para el propio organismo y este se defiende produciendo inflamación. Normalmente este proceso se da en personas muy sensibles o muy nerviosas, o en personas con un largo historial de estrés, donde los mecanismos normales de resistencia al estrés son superados, produciendo desajustes fisiológicos que producen procesos inflamatorios.
Alimentación, existen alimentos que estimulan la inflamación dadas sus características irritantes o tóxicas y alimentos que detienen la inflamación ya que activan genes que frenan este proceso. Por otro lado alimentos antioxidantes tendrían también un efecto de control de la inflamación neutralizando ciertos radicales libres que actuarían como señal de inicio del proceso inflamatorio.
Estrés físico, (calor, frío, rayos UV, presión) las células del sistema inmune capaces de reconocer este estímulo como agresivo son los mastocitos. Estas células reaccionan al estrés físico que se detecta en los tejidos liberando los mediadores químicos (histamina y serotonina), estos mediadores activan a su vez a los otros agentes principales del proceso inflamatorio así como a las células endoteliales, iniciando todo el mecanismo de inflamación.
Agentes químicos (venenos, toxinas endógenas y exógenas) también son señales de las que el organismo debe defenderse, ante ellas el organismo desarrolla un mecanismo de defensa en el cual están implicados varios sistemas y en última instancia lo hace a través de la inflamación.
Traumatismos y cuerpos extraños que inducen inflamación porque dañan o aportan microbios, el proceso inflamatorio es inducido para producir reparación.
Alteraciones vasculares: como por ejemplo las que producen isquemia, son resueltas por el organismo iniciando un proceso reparador inflamatorio.
Metales pesados, presentes en el aire contaminado de grandes ciudades provinentes de la combustión de hidrocarburos, en ciertos alimentos de origen marino como los crustáceos y peces de gran tamaño que lo incorporan de la contaminación de las aguas marinas, y de amalgamas. Estos metales pesados activan el factor nuclear kapa beta que activa genes que codifican para proteínas inflamatorias.
Edad avanzada, con el paso de los años la capacidad de homeostasis del organismo disminuye. Los mecanismos de regulación del sistema endocrino y del sistema nervioso pierden efectividad y esto baja la capacidad de regulación propia del cuerpo, provocando que ante estímulos que antes el cuerpo podía responder de forma efectiva y precisa ahora no responda bien. Esto implica que estímulos potencialmente inductores de inflamación, sean, ante esta nueva situación, más propensos a provocar desordenes de tipo inflamatorio.
Nuestro objetivo es integrar una relación entre el cerebro y el cuerpo. La piel es un órgano espejo y manifiesta perfectamente el grado de desequilibrio que se puede encontrar. Uno de los mecanismos clave par entenderlo es conocer el concepto de inflamación.
LA INFLAMACIÓN:
En la mayoría de las enfermedades de la piel, hay como común denominador un proceso inflamatorio. La inflamación es la respuesta fisiológica protectiva ante una agresión, ya sea invasión patógena o daño tisular, que se manifiesta con:
− Hinchazón
− Dolor
− Calor
− Rojez
− Perdida de la función y/o escozor/picor
Durante el proceso inflamatorio células del sistema inmune (macrófagos, mastocitos y neutrófilos polimorfonucleares principalmente) liberan una serie de mediadores (citoquinas, metabolitos del ácido araquidónico, aminas vasoactivas y otros) que generan cambios hemodinámicos, de alteración de la permeabilidad vascular y leucocitarios, que permiten, en última instancia, la eliminación del agente patógeno, la reparación de los tejidos y reestablecer la homeostasis.
Podemos diferenciar entre inflamación aguda donde el proceso tiene un principio y un fin dentro de un marco fisiológico, y crónica, que se da en muchos desordenes de la piel, donde por diversos motivos, se pierden los mecanismos de freno del propio proceso, dando como resultado todos las síntomas y toda la clínica de las patologías dermatológicas.